Llegó la primavera y un tópico halo de alegría parece haber envuelto a todo el mundo. Al escuchar tanto sobre la primavera en estos días no he tenido menos que recordar otra primavera, esa de la que se lleva hablando tanto tiempo sin que de momento hayamos podido percibir el olor ni el color de sus flores.
Un nombre ha saltado a la fama, Muhammad Merah, el del autor -al parecer confeso- de los asesinatos cometidos en los últimos días en la localidad francesa de Toulouse.
Quienes lo conocían lo describen como persona cortés y educada, a pesar de sus relaciones con la delincuencia y sus antecedentes por robos -incluso algunos con violencia- que incluso le impidieron entrar en el ejército francés cuando lo intentó hace unos años.
La radicalización de este individuo parece haberse producido cuando entró en contacto con grupos wahabo-salafistas franceses, tal vez influenciado por su propio hermano, momento a partir del cual entró en la vorágine que le ha conducido a perpetrar los absurdos asesinatos que estos días llenan las primeras páginas de la prensa europea.