Rápidamente, un grupo de los fieles que se encontraban en la mezquita retuvieron al terrorista,
otros intentaron apagar el incendio sin conseguirlo.
El resultado final fue la destrucción de la mezquita y el martirio de su Imam, muerto por el
humo mientras intentaba sofocar las llamas.
Este tipo de escenas estamos acostumbrados a verlas en lugares como Pakistán o Iraq, donde
el terrorismo salafo-wahabi está al orden del día y donde cada año cientos de musulmanes
shi’as son martirizados por estos criminales. Pero en Europa esto es algo nuevo; hasta ahora
todo había quedado en violentas arengas antishi’as en los centros controlados por estos
depravados, propaganda difamatoria en Internet o como mucho amenazas, como las que
también había sufrido el centro ahora destruido que incluso motivaron su protección policial
durante el año 2007.
La supuesta ideología salafo-wahabi no se basa nada más que en el odio, el odio a cualquiera
que no comulgue con sus planteamientos, religiosamente totalmente discutibles incluso
mirándolos desde el punto de vista del sunnismo tradicional. Y el objetivo favorito sobre el que
volcar ese odio son precisamente los musulmanes shi’as.
Al tal punto llega la cerrazón mental de estos individuos, por no decir simplemente la
estupidez de los mismos, que incluso afirman que por cada shi’a que se asesine se tendrá una
recompensa de 72 vírgenes en el paraíso, o que la recompensa por matar a un shi’a es superior
a la de matar a 70 cristianos y multitud de diarreas mentales similares.
Es lamentable que en el mismo día que los sionistas bombardean Gaza una vez más, o que
miembros del ejército estadounidense cometen una nueva masacre contra civiles indefensos
en Afganistán, unos lunáticos que quieren arrogarse el Islam como propiedad exclusiva, se
dediquen a quemar mezquitas y a matar a otros musulmanes.
Es una lástima que el dinero saudí y las conveniencias políticas hallan favorecido la proliferación
de estos grupos. Y es una lástima para todos los musulmanes, no sólo para los shi’as sino
también y tal vez principalmente los para sunnis, pues lo único que estos canallas han aportado
al Islam además de muerte y destrucción es, hacia dentro desunión y hacia fuera empañar y
tergiversar la verdadera imagen y el verdadero mensaje de la religión del profeta Muhammad
(PBd).
Lo ocurrido ayer en Bélgica representa un peligroso salto cualitativo que las autoridades
policiales del continente debieran tener muy en cuenta. No se trata de cohibir la libertad
religiosa ni personal de los musulmanes sean de la escuela o tendencia que sean, no, hay
que saber diferenciar. De lo que se trata es de la necesidad de perseguir a los criminales, ya
sean materiales o intelectuales -y los de este tipo son fácilmente localizables-, y no, como
desgraciadamente ocurre en algunos casos, ampararlos por determinados intereses políticos.


