La Ciencia y El Islam - El Lenguaje de la Ciencia (Documental BBC).
* “La vanidad como decadencia del conocimiento”.
* Si queremos ahorrar en esta época de crisis, ¿qué es mejor comprar un coche o alquilarlo?
* ¿Darle mucho a la tecla puede provocar el síndrome del túnel carpiano?
* Algunas pautas para conseguir dejar de fumar.
* El incidente de Ar-Rashi en el tiempo del profeta Muhammad (PyB).
* “En china los trabajadores de una empresa china tuvieron que andar a gatas con la mirada en el pavimento por orden de su jefe”.
* Música islámica con el cantante inglés de origen bangladesí Hafiz Mizan.
* Entrevistamos Entrevistamos sr. Ahmad Jalil Yusuf Moreno profesor de religión islámica en dos colegios públicos "Al andalus" y "Torresoto" en Jerez de la frontera.
La actual civilización ha desarrollado una tecnología lo suficiente moderna para construir diversidad de formas y modos sobre nuestro planeta e incluso para destruirlo. Pero se ha descuidado de la consonancia del desarrollo con la Naturaleza. Desarrolla conceptos específicos, pero se olvida de las Leyes Universales… El equilibrio entre las leyes físicas y los fenómenos biológicos es tan delicado que debe mantenerse para que no se produzca el caos total. En la carrera desenfrenada por el camino del desarrollo tecnológico se está rompiendo irreflexiblemente ese equilibrio... Fuera de ello se condiciona al ser humano a que sea esclavo de ese desarrollo. Y si a eso le agregamos la carencia tanto de valores espirituales como morales; el fomento del vicio y de la obtención de las ganancias fáciles y el ansia desmedida de “poder tener” y “tener poder” base de la mayoría de las conciencias individuales, lo que genera a su vez una conciencia colectiva débil, hace que el desarrollo se oriente fundamentalmente a fines militares destructivos; y es con posterioridad que se adapta, por razones económicas, en una situación de relativa paz, a su uso pacífico.
El deterioro lento y gradual del medio ambiente, la utilización irracional de los recursos naturales; la corrupción; la delincuencia; el hambre, la guerra, la intolerancia; la falta de respeto al derecho ajeno; la envidia, el egoísmo, la falta de principios; el aprovechamiento del fuerte contra el débil; la matanza de seres indefensos; la irresponsabilidad paternal; las injusticias; la razón desmedida de las personas y naciones en aumentar su poder a expensas del sufrimiento universal, la persecución histórica entre opresores y oprimidos; que hoy se complica, con la variante de una persecución aún mayor entre los mismos oprimidos, etc., etc.
Claro está, que la Humanidad puede seleccionar su progreso, dándole orientación moral y social. Es inaudito como los seres humanos se deshumanizan permanentemente. Y es inconcebible, como todo se politiza; y como lo malo, incluso se potencializa como bueno cuando nosotros somos los actores y como lo bueno se considera malo, cuando el contrario es el que actúa. El ejemplo más espectacular lo constituye el justificativo de que la usura es necesaria para el desarrollo del país. Que las instituciones que se lucran con ello lo ponderen, se comprende – aunque no se acepta – pero que un político, o un medio periodístico o un empresario, consideren provechoso mantener esos altos intereses, hasta del 80% con recargos y 100% en mora en tarifa anual, es absolutamente imperdonable. Lógico, esos altos intereses no les molestan, porque serán pagados por el usuario más pobre, cuando ellos protestarían del modo más firme, cuando sus préstamos reciban por ejemplo un aumento de 1% al año o incluso menos.
Aunque nos sintamos poderosos y aunque las grandes naciones se consideren intocables o invencibles, hay que recordar que todo tiene su compensación, su premio y su castigo. Un átomo de bien que hagáis será medido y pesado y un átomo de mal, lo será también, menciona el Sagrado Corán.
Ni siquiera un átomo deja de estar presente en la mente de Dios, que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados, como dicen las Santas Escrituras.
Estos son días de tribulación y todo pasa tan rápido que parece que los días han sido acortados.
Jesús, el Verbo encarnado de Dios, mencionó que no sólo de pan vive el hombre. Pero mencionó el pan; en la bella oración que él nos enseñó, dirigiéndose al Todopoderoso, suplicándole que: “el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Necesitamos trabajar para esta vida pero también para la otra y esto bellamente se resume en un hadith (dicho) del profeta Muhammad, que la paz y bendiciones sean siempre sobre él: Hay que trabajar para esta vida, como que vas a vivir para siempre, pero al mismo tiempo trabajar para la otra, como que te vas a morir mañana.
…La sabiduría consiste en buscar y encontrar ese equilibrio; y la recompensa de su práctica, es la felicidad…
Progreso y trabajo material pero sobre bases morales; y desarrollo espiritual, a través de la fe y las buenas obras combinadas.
Como dice el mensaje bíblico: Buscad el reino de Dios, y su justicia, y todas las demás cosas te vendrán por añadidura. O como menciona el Sagrado Corán: Todo el bien que habréis prodigado os será reintegrado y no será en vano.
Un hadith islámico proclama: nadie es un verdadero creyente, si no desea para su hermano, lo que desea para sí mismo.
Sin embargo, la codicia, la avaricia, el egoísmo y la envidia, llevan al ser humano a enemistarse con su hermano, sacando de ello un provecho estrictamente personal y a veces sin recibirlo, con solo la satisfacción de dañar al contrario.
Aunque la riqueza del Mundo aumenta, la pobreza prolifera por doquier. Y aunque esto pueda observarse en un país determinado, es incluso más espectacular entre diferentes países.
Como que la tónica del mundo continúa siendo siempre: los pobres, más pobres y los ricos, más ricos.
Mahatma Ghandi lo decía:
“En la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos”.
La avaricia, considerada un pecado capital, es definida como el afán desordenado de poseer riquezas, para atesorarlas.
Lleva aparejada a ella la codicia: que es un apetito desordenado de riquezas. En ambos, el apetito desordenado y excesivo de riquezas, capaz de realizar las acciones más viles, las señala como nocivas; aunque el avaro va más allá, lo hace para atesorarlas.
…Jonathan Swift afirmaba: “la codicia desenfrenada, lleva a los hombres a ejecutar las acciones más viles; por eso para trepar, se adopta la misma postura que para arrastrarse”.
Por otra parte, la ambición se define como un deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidad o fama; y puede ser positiva, sin exageramientos, esto es, en su justa medida. Ya Montesquieu lo decía:
“Un hombre no es desgraciado por tener ambición, sino cuando es devorado por ella”.
La codicia es despreciable, ya que es siempre ambición desordenada y en exceso. El sabio refranero popular advierte: la codicia rompe el saco, recordando que muchas veces por aspirar a ganancias exorbitantes, se pierde de obtener, ganancias razonables.
Lo contrario a la avaricia es largueza. Pero todo llevado al extremo es perjudicial:
Por un lado, el avaro que atesora y no gasta nada, ni siquiera para él ni su familia, y por el otro, el que derrocha todo y se queda sin nada.
El Corán es claro al respecto: Dios no quiere al avaro, ni tampoco al que dilapida su fortuna. Lo mejor de todo, es el punto intermedio. Ni el puño cerrado, ni la mano totalmente abierta.
En las traducciones bíblicas (ya que no se dispone de los originales) encontramos algunas historias, que al menos para nosotros, necesitan ser aclaradas:
1-El caso de Ananías y su esposa Safira, recordando en Hechos de los Apósteles Capítulo V, 1 al 12; que vendieran una propiedad de ellos y tan sólo dieron la mitad, quedándose con el resto: 50% para la Iglesia. Eso es para cualquiera, suficiente largueza. Sin embargo, según traducciones bíblicas, fueron reprendidos severamente por la misma iglesia, y ambos murieron en el acto de miedo. Las interrogantes saltan a la vista.
Eso de: deja todo y sígueme, no esta auspiciado ni en el judaísmo, ni en el Islam.
En el Islam existe un Zakát, que es a manera de contribución obligatoria para los más necesitados, empezando por el círculo familiar (ya Jesús lo dijo: no se puede ser luz de la calle y oscuridad de la casa) y no tiene que dársele necesariamente a la Iglesia. El creyente lo puede administrar personalmente. Fuera de ello, existe la Sadaka en árabe y la Sedaká en hebreo, que es una contribución voluntaria, cuyo objetivo principal es la justicia social.
2- El concepto de señalar al rico, como reo del infierno.
La insistencia de que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico se salve; y luego identificar la aguja, como el utensilio del sastre o de la costurera y por consiguiente declarando que para un rico está vedada la salvación, es tristemente doloso. El ojo de la aguja, se refiere a las puertas un poco estrechas, a manera de seguridad, por donde se accedía a las ciudades amuralladas palestinas, comunes en esa época. El rico puede acceder a la otra vida, pero le es más difícil; ya que con el dinero puede conseguir con abundancia los placeres mundanos; pero no puede obtener lo trascendente.
No es malo tener riquezas, lo malo es atesorarlas simplemente y no dispensarlas en el camino de Dios. Dios es misericordioso; pero es Todo misericordioso, porque también es Todopoderoso.
Para hacer obras humanitarias, se necesita tener un buen corazón, pero también se necesita dinero. Ya que repartir sin tener, se genera más pobreza.
…Y ese es uno de los problemas más grandes del mundo: “Que el que produce, generalmente no reparte; y que el que reparte, generalmente no produce…
El dinero es un medio, no un fin en sí mismo.
El codicioso y el avaro, aunque multipliquen su fortuna, siguen siendo pobres. Nunca se satisfacen de lo que tienen.
La pobreza no viene por la disminución de la riqueza; sino por la multiplicación de los deseos, decía Platón.
Séneca asimismo manifestaba: pobre no es el que tiene poco, sino el que desea mucho.
Fuera de ello, lo trascendental no se compra con dinero: Frederich Nietzche lo afirmaba: lo que tiene precio, poco valor tiene. Y el poeta, incluso le puso música: tan sólo lo barato, se compra con el dinero…
Pero eso no significa que dilapidaremos toda nuestra fortuna; ¿Y la familia? ¿Se puede ser bueno con los otros, olvidándose de los suyos?
Lo más importante en la vida es lograr el equilibrio.
Uno debe estar satisfecho con lo que se tiene y darle gracias a Dios por ello; y tener una ambición sana de luchar y mejorarse, sin codicia, ni avaricia y sin ansia desmedida y búsqueda excesiva de tener y más tener.
3- Dar el diezmo a la Iglesia, cumplir la entrega de la “semilla” pactada, al recibir el primer ingreso económico, antes de satisfacer las necesidades básicas de la familia o alguna emergencia familiar, es un mensaje incorrecto, aunque se quiera justificar con mandatos bíblicos, dolosa o al menos, incorrectamente traducidos.
El dirigente religioso que exige los diezmos, al que está en la miseria absoluta o incluso se está muriendo de hambre, peca también de avaricia.
…No hay un día – y a veces ni un momento del día, en que no aprendemos algo nuevo: un libro, un mensaje, una charla, un consejo, un ejemplo… aprendemos de todo y de todos. A veces, sin embargo tratamos de enseñar.
Somos así maestros y estudiantes al mismo tiempo, enriqueciéndonos en nuestro contacto permanente con el conocimiento y con la sabiduría de los demás.
No podemos sentirnos así superiores a nadie, pero tampoco debemos sentirnos inferiores. Nuestra autoestima tiene que estar así equilibrada. Tenemos que tener así nuestra dosis mínima de orgullo propio – como seres humanos que somos – pero desechando la soberbia, que no sólo es un orgullo desproporcionado, sino que conlleva despreciar a los demás; no reconociendo sus dotes ni sus atributos…
Debemos comprender además, que la humildad, como virtud suprema sólo existe en los que están revestidos de divinidad. Debemos recordar - como decía José Ingenieros – que cuando alguien manifiesta públicamente que es humilde, está demostrando una falsa humildad, o bien una soberbia oculta, pero siempre presente. La humildad por su especial naturaleza, no se alardea, ni se proclama tenerla. Son las obras, las que la manifiestan, y los otros, lo que la atestiguan.
La peor soberbia es la revestida de ignorancia. El ignorante que se cree sabio, está más que desubicado; está perdido.
Hay soberbios que aún careciendo de ignorancia; exageran sus dones, esconden sus flaquezas y se encargan de apagar la luz de los otros para sólo brillar ellos. No le dejan paso a nadie.
El egoísmo es otra manifestación de la soberbia; y generalmente la complementa: el decir primero yo; segundo yo y permanentemente yo; es la prioridad hasta la total exclusividad, del ego.
La vanidad cuando no es excesiva, es una forma menos dañina de soberbia. En el otro extremo está la soberbia más deplorable: de sentirse Dios; de jugar a ser Dios; de desconocer a Dios; de negar su existencia; de contrariar sus leyes; de compararse con Dios. Tremenda desfachatez.
La sumisión a Dios, base del creyente, está en contradicción plena con la mente del soberbio.
Pensar como es Dios es una forma de soberbia, si bien, generalmente el creyente lo hace sin maldad, por costumbre o tradición y sin querer cometer un acto de idolatría. Muchos consideran que Dios tiene forma humana, ya que fuimos creados a su semejanza”. Dios no tiene forma humana, ni siquiera forma alguna, lo cual lo limitaría. Sería “limitar” lo ilimitado, el infinito. Cuando uno se imagina como es Dios; está considerando 2 dioses; Dios como es realmente y como se le imagina. Esto es un error garrafal; porque Dios es uno y único, imposible de conocerlo directamente por su infinita grandeza, y conociéndolo indirectamente a través de su creación, y sus criaturas.
A Dios no le alcanza el pensamiento humano.
Dicen que el poder corrompe. Y no sólo se refiere al abuso de los bienes materiales, a la codicia desenfrenada por aumentar el poder y la riqueza; sino también en el cambio de la mente humana; en la necesidad permanente de sentirse grande; en la soberbia que forma parte del diario vivir. La gente se acostumbra a los halagos y las adulaciones y estos se vuelven necesarios, como el vicio y las drogas. Hay una dependencia, al menos psicológica para ello. Otros afirman que hay dependencia física; y lo es en la necesidad de adrenalina, que el cuerpo humano sintetiza, con mayor abundancia en sus momentos de euforia.
Muchos vicios, que son más bien debilidades: mentira, traición, intriga, oportunismo, etc. se desprenden de la envidia. El envidioso considera - y sufre por ello- que otro no merece los bienes que posee, o sus triunfos o sus reconocimientos. La envidia, mala en sí misma, también es siempre la causa de muchos males adicionales.
No hay ninguna cultura que haya dicho que la mentira es mejor que la verdad; o la cobardía, que el valor; o la envidia, que la caridad; o el egoísmo, que la humildad; o la lealtad, que la traición. Sin embargo hay actuaciones donde las negatividades se ponderan y aplauden. Lo vemos en el Mundo actual, donde odiamos al que tiene autoestima y no se somete. Donde el lambiscón e incluso el traidor es aplaudido, si sus acciones deleznables nos favorecen. Deberíamos admirar al amigo leal y sincero y al enemigo, cuando lucha con dignidad y entereza.
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