“Permítanme expresarles en primer lugar mi agradecimiento al ofrecerme la posibilidad de contribuir -desde la modestia y el profundo respeto- con mis humildes versos en la celebración del mes Sagrado de Ramadán.
Ha sido imposible no hacer un ejercicio de introspección en la reflexión de lo que esta Sagrada Celebración del mes del Ramadán así como lo que ella debe significar para sus celebrantes. Ha sido fruto de esa reflexión que han nacido estos versos desde, insisto-, desde máximo de los respetos ya que nacen del corazón.
Reciban un cordial y afectuoso saludo en este Sagrado mes de Ramadán”
Juan A. Pellicer
Dicen que abren el día con cada amanecer,
y dicen que en él, en voluntaria ofrenda,
entregan y se entregan a una verdad
que también los hace libres y grandes;
dicen que son felices amando y compartiendo,
-también en el dolor- sintiéndose hijos de la divina renuncia;
dicen que miran y escuchan con las manos abiertas
como aguantando el cielo y abriendo los campos,
de rodillas como quién no puede con el peso de tanta soledad;
que hablan con el corazón cambiando lo fútil de sus pasos
por toda la grandeza que saben les espera.
Dicen que sus plegarias se marchan tras cada ocaso
dejando la grandeza como respuesta al sacrificio;
dicen que la alegría sale por los ojos y las manos,
y que pegadas al corazón, se abren y se buscan
inventando el nuevo abrazo en este –otro- nuevo mundo.
Dicen que sus cánticos son versos de paz,
perdidos entre estrofas que ningún poeta supo escribir;
y dicen que la vida y la muerte se mezclan
confundiendo los momentos,
llevando la vida donde vive la muerte,
dejando la muerte donde se desprecia la vida.
Me piden que escriba un poema
que hable de lo que veo;
que mis versos sean caricia en este día,
me piden que con ellos comparta su dicha,
y con ellos sienta la paz vestida quizá con otra cara.
Aquí os dejo mis versos - oración de poeta-
desde el respeto y la esperanza,
que nacieron de una verdad, de esa tan grande
que veo con los ojos de la hermandad.
©jpellicer












